viernes, 15 de mayo de 2026

La negociación del troll

 

 Emoción, diversión, gracia..., Hoy hablaré de esto mismo.

Anoche se me ocurrió empezar a leer una buena novela que aún no había leído y ocurrieron dos cosas: la primera fue que no me deleité de la excepcionalidad de la novela más allá de unas ligeras ironías que se mantenían desde el principio y la segunda es que al dormir soñé que jugaba a un juego en que me daba cuenta de que me divertía como nunca. Y me divertía porque solo me centraba en el juego, y no hacía otra cosa. Al despertarme supe que esa vinculación entre la experiencia de la novela y el antiguo juego que dejé de jugar hace años se entrelazaron para poder olvidar la experiencia del juego antiguo y dejarle espacio a la novela - esas son las reglas de los sueños. Razón por la cual sé que esta noche antes de ir a dormir la retomaré con una mirada mucho más sensible y experta.

La diversión

Divertirse es algo que depende de la naturaleza literaria. La literatura, tal como la define mi mente tosca que no es capaz de ver de especial ciertas novelas que grandes críticos analizan y diseccionan con un poder de disertación descomunal, no es más que el estudio de las crónicas conformadas para darles un valor estético. Al conjunto de crónicas de misma naturaleza literaria se les suele llamar corpus. Y nosotros los científicos de datos con lo que realmente trabajamos, a la hora de aplicar fórmulas de enorme complejidad, es con alguna clase corpus.  

El corpus científico objeto de filósofos o filólogos 

Lo más interesante a tomar en cuenta es la confrontación entre el crítico literario y el científico de datos. El primero, en su naturaleza más idónea, bien podría ser un filólogo - mientras que el científico de datos bien podría ser un informático. Sin embargo ya se sabe que la literatura bien podría ser científica y, por tanto, el crítico literario acaba convirtiéndose en un filósofo de la ciencia y, según el caso, si el corpus fuera de física cabría esperar que el crítico que aborde el tema estético (el álgebra) deba ser idealmente un físico - es decir, una persona que tenga su propia visión subjetiva de cuáles son los postulados y enfoques que simplifiquen las álgebras a un modelo lo más relevante posible sin perder capacidad de cálculo e inteligibilidad.

Por tanto, la literatura puede abordar un lenguaje técnico y desarrollar la calidad de sus conclusiones dentro de una filosofía científica, en la medida de que la propia filosofía no es capaz de ofrecer las herramientas que un filólogo sí dispone. Y me refiero a los propios recursos literarios que permiten neutralizar los efectos del cambio de paradigma.

Más en concreto: ¿Qué es más correcto filósofo científico y filólogo científico? Más allá de que estemos limitados por la etimología y siempre quede en un equívoco decir filólogo científico para hablar del que estudia una ciencia desde el punto de vista estético, me centraré en la elección por la adecuación de la naturaleza de los datos y no por cómo se ajusten las palabras.

Para resolver el problema solo hay que fijarse en qué se entiende por un cambio de paradigma, y para ello vamos a elegir como ejemplo la aparición de la teoría de la relatividad: al ser mejorado el paradigma de Newton por el de Einstein se pasó por una etapa de desconcierto. Ese desconcierto, ¿provocó que los físicos no fueran capaces de seguir trabajando? No. De hecho podían seguir haciéndolo ya sea con la física de Newton como con la de Einstein. Lo que pasa es que debían de adoptar un cambio de rol estético. Es decir, ¿ahora los cuerpos son sometidos por fuerzas o simplemente caen? ¿Importaba mucho? Los resultados no se contradecían y, al mismo tiempo, según qué se escogía parecía que ciertas mediciones se podían explicar mejor..., de una manera más elegante, más estética. Es decir, ¿qué herramientas aportaba la filosofía para elegir el mejor modelo? Y, por otro lado, nada más iniciar el paradigma, ¿acaso suponía destruir el modelo anterior? Tampoco. Porque el modelo anterior, aunque no se haya ganado el poder de la convicción, aún podía usarse como simplificación para escalas más convencionales. Esto sería como mantener una mentira, si nos lo planteamos desde el punto de vista de la ontología..., o más bien mantener la estética de la elegancia de lo que siempre fue una buena respuesta, si lo viéramos desde el punto de vista de la pragmática (o semiología, como rama de la filología). En tercer lugar, como prueba de fuego, tenemos la constructividad de nuevos términos: ¿qué herramientas nos ofrece la historia de la filosofía para arrancar con nuevos paradigmas o cuestionar la tesis principal? Si tiramos de Hegel parecería que simplemente habría que entrar en contradicción, y ya está. Sin embargo, desde el punto de vista de la estética, nos damos cuenta de que la calidad de una explicación se desarrolla dentro de lo que es llamada una literatura científica, que podemos decir que es el corpus científico en movimiento, convertido en crónica. De esta manera podemos hacer un estudio diacrónico que nos permita determinar las flaquezas, o aspectos poco estudiados, del modelo actual, así como considerar que está en los límites y cuáles son los puntos más consensuados. Y para todo esto los científicos de datos gustan de ofrecer distintos tipos de herramientas que, con la llegada de los transformers, adquieren un color mucho más rico: Y no olvidemos lo que es un llm, su objeto es generar nuevos textos mientras determina la relevancia de aspectos clave con según qué respuestas dentro de una ventana de contexto.

Por tanto, observamos la importancia de estudiar la literatura y lo importante que es para las mediciones el estudio de la estética para entender la ontología misma. Aún el papel manual del ser humano tiene relevancia en aspectos sintientes que una máquina solo puede estudiar, pues las emociones ocultas que genera un libro es algo que solo un humano, supuestamente, puede sentir..., y ya veremos cómo desgloso y explico esos sentimientos con mis teorías. Pero, por el momento, seguiremos desde ese punto de partida.

El momento de la diversión

La emoción que tiene más interés con respecto al tema en cuestión y que se queda en el interior de la caja negra humana es la diversión. Un producto literario funciona cuando divierte. Ciertamente, observamos que esto también funciona con la ciencia: cuando un ensayo explica y resuelve con calidad el que lo lee en realidad se divierte, como si jugara a un videojuego. De la misma manera, la diversión aparece cuando se ve una película, al ser una novela interpretada, y ésta induce emociones con la estética marcada por los recursos que se usen en el cine. Es decir, desde el punto de vista de la literatura resolver e inducir emociones es lo mismo, como ocurre con el sistema de información que tiene el cerebro: en la medida en la que la inducción de emociones no resolviera problemas en el entorno del mamífero no tendría sentido que éste hubiera evolucionado de los reptiles para tenerlas. Ya no digo el papel que desempeña la consciencia en los humanos cuando ésta se combina con las emociones. En ocasiones es habitual perderse en la creencia de la complejidad de los términos porque estamos viendo la película desde el final, cuando en realidad los conceptos, una vez bien desgranados, tienen una enorme simplicidad. Sin embargo, en esta entrada no toca explicar la consciencia; porque la diversión trabaja a una escala más elemental y necesaria. Como humanos no podemos contemplar la diversión sin consciencia, porque la diversión semi-inconsciente se practica en los sueños y se disfruta, y la diversión completamente inconsciente es el acto reflejo que practica el cerebro para resolverse y centrar su atención a lo que haría reir a un bebé.

Así que dicho esto paso a definir la diversión: estado en el que se encuentra un sistema de información al adoptar decisiones que controlan antagonismos en homocedasticidad. La homocedasticidad es un concepto técnico que se estudia en estadística: consiste en llevar a cabo particiones del propio corpus de manera que no podamos decir que sus momentos estadísticos cambien. En principio, por simplicidad, diremos que se da la homocedasticidad en un corpus si la varianza entre distintas muestras que extraigamos de él no varía demasiado; para lo cual se usa en modelos paramétricos la prueba F. Es decir, cuando las mediciones tienen la máxima calidad matemática podremos valernos de toda la literatura científica de la estadística y usar una prueba F que nos permita saber si nos mantenemos dentro de la homocedasticidad. Si no se da tal calidad matemática la informática ofrece mecanismos de menor calidad en validación de resultados (que asegure la calidad del resultado), aunque más potentes en su lenguaje (que pueda responder ante un enunciado). A más potencia menor validación

Ya comenté que había tres tipos de antagonismos: ausencia, intrusismo y rivalidad. En otra entrada explicaré con más detenimiento estos matices, que no se quedan ahí..., ¡ni por asomo! Tenía pensado hacer una entrada sobre el cálculo de..., bueno, ya vendrá. Por otro lado, está la idea de libertad: la libertad es el requisito fundamental para tomar decisiones. El animal debe tener la ilusión de libertad para poder deleitarse en el manejo de la mejor toma de decisiones. Sin embargo, ¿acaso hemos demostrado que existe tal libertad? ¿La necesitamos? Diré que no es objeto de este ensayo y, por tanto, ignoraremos esta consideración por el momento. Esto es porque la libertad en realidad debe enfocarse a posteriori de la consciencia, porque no concebimos de manera sencilla ni la toma de decisiones, ni nada sin mezclarlo con la consciencia, la cultura, las relaciones sociales, etc...

Es importante entender que la prueba F fallará, que el sistema dejará de divertirse, en cuanto algo sea o demasiado fácil o demasiado difícil a la hora de tomar decisiones. Así que, una vez comprendida la naturaleza de la diversión pasaremos a estudiar cómo debe afrontar el lector las obras literarias.

La crítica literaria

Si queremos leer una novela y que ésta nos enriquezca podemos adoptar dos enfoques: el enriquecimiento diacrónico y el enriquecimiento sincrónico, ambos de mi cosecha y que a lo largo de los años me he servido para recomendarlos. 

Enriquecimiento diacrónico 

El enriquecimiento diacrónico de una obra consiste en la filosofía que se adopta a lo largo del disfrute de toda la obra. Es decir, la crónica literaria provocará un cambio interno dentro del espectador para redefinir en él la idea de enriquecimiento. Este enriquicimiento diacrónico se da cuando el espectador decide adoptar uno de los cuatro grandes roles de la crítica literaria: protagonista, fan, narrador y troll. La idea es muy simple, con qué ojos se ve la novela provocará experiencias internas diferentes. Y, al provocar experiencias, la propia idea del protagonista, fan, narrador o troll quedan redefinidas mientras se tiene la experiencia literaria. Creo que para poder definir cada tipo de rol lo haré mejor con un ejemplo.

Alguien podría pensar: yo soy un gran crítico literario, y no necesito leer esta novela salvo de una manera, que es la más correcta. Y mi valoración, sin embargo, es que por haberla experimentado de una u otra manera se irá redefiniendo su propia manera de seguir leyéndola. Una forma de entenderlo es, por ejemplo, con la música: mi teoría dice que cuando experimentamos una melodía ésta podemos escucharla desde cuatro roles diferentes y la experiencia será diferente. Por ejemplo, partamos del single de Lady Blue del album de Flamingos. Cuando hablamos de cuatro roles que provocan un enriquecimiento diacrónico estamos hablando de los cuatro tipos de targets hacia los que está dirigida la canción para que venda.

Los cuatro targets en Lady Blue y la demostración de que todo fue intencionado/consensuado:

- Protagonista:  La canción en resumen va sobre un astronauta que tiene un accidente en el espacio. Vemos el videoclip oficial, donde se muestra al astronauta y Lady Blue parece ser la Tierra.

- Fan: La canción está dentro del album flamingos. El album está lleno de referencias al boxeo y no se sale nunca de la temática del ring. Hay canciones en las que se introduce algún periodista deportivo que jalea lo que podría ser los golpes de un boxeador. El album parece contextualizar la existencia de alguna mujer y, según los cánones, las parejas suelen ser problemáticas. La canción en el album convierte al astronauta en un boxeador que ha recibido un gancho. Lady Blue parece ser una mujer.

- Narrador: La canción es interpretada por Enrique Bunbury dentro de su antología. Un músico ochentero que nos devuelve en ocasiones equívocos, que se ríe de los estereotipos y frivoliza en su música sobre prostitución, drogas... A resumidas cuentas, Lady Blue bien podría ser una pastilla.  

- Troll: La canción la he puesto para poner a tono a mi novia. Si yo le pongo la melodía mientras hago mímica..., Lady Blue será quien yo decida que sea.

Parábola de mi infancia sobre la calidad en la prosodia

Es posible que algún crítico siga excéptico con la idea de que una obra literaria tiene tres visiones críticas diferentes: una ligada al single, otra al album, otra al autor y otra al propio espectador. Como también se puede renombrar como: resumen, contexto, análisis y subjetivo. Lo cual nos recordará un poco mejor a cómo se divide canónicamente cualquier comentario de texto. Sin embargo, quería traer una experiencia que me dejó absorto.

Era un niño de ciclo medio de primaria y entonces mi prosodia era lo mejor que era capaz de escuchar, ya sea que la de mis compañeros o adultos. Debido a los problemas que algo así me daba, era inevitable que fingiera trabas, para conseguir una mayor aceptación social. Ahora bien, yo tenía como mejor amigo a una persona que necesitaba mucha ayuda para avanzar académicamente. Y su capacidad para leer era terriblemente lenta y tediosa. Razón por la cual siempre estábamos juntos, pero al haber sido separados en clase (lo cual es terriblemente antinatural y contraproducente) nunca teníamos conversaciones académicas - lo que propiciaría que él repitiera quinto de EGB. Sin embargo un día él me hizo un comentario que me recordó mucho a "La bola de cristal", razón por la cual no me lo terminé de creer: dijo que cuando él se ponía a leer, previamente se disfrazaba de pirata. Y, claro..., alguien que no parece leer mucho y que además necesita disfrazarse... Lo veía difícil. Sin embargo, con el tiempo ese comentario me hizo mella. Y esto fue cuando releí la Isla del tesoro. La primera vez lo leía como un niño, adentrándome en la historia, y cuando llegaba a la parte en la que una especie de indigente se quedaba acechando en los matorrales..., recuerdo que me dio un mal rollo... En su tiempo me decía: ¿y para qué leo algo tan turbio? Pero al releer la misma historia recuerdo que hice una cosa un tanto peculiar: me vi a mí mismo como un pirata. Y entonces adquirí unos sentimientos diferentes, además de redefinir la lectura para darle valor a ser un pirata: el que se confronta a la adversidad cuando la autoridad está ausente. Estos valores, ciertamente, me los dio mi mejor amigo de manera latente. Y, en ese sentido, se justifican las relaciones sociales y la enorme suerte que se puede llegar a tener a pesar del entorno autoritario en el que se disfrute.

Enriquecimiento sincrónico

Recuerdo que, estando en el instituto, un amigo llamado Gregorio me comentó que no aguantaba el leer porque nunca tenía ganas de hacerlo y, un tiempo después, porque teniendo ganas de leer se le iban las ganas rápidamente. La experiencia que tenemos cuando vamos a leer pasa por una crónica, que es un rito: reservar tiempo, ir a por el libro, consumirlo, volver a tus asuntos. Esa es la realidad contextual de la lectura y, como es lógico, también afecta a los videojuegos, al cine, el teatro, la lectura de ensayos científicos, etc... Cada uno evocará emociones desde su canal, naturaleza..., pero, de alguna manera, si variamos el esquema a una producción en masa - lo cual es muy posible - es posible que mientras reservemos el tiempo para leer estemos consumiendo un programa de televisión al mismo tiempo que volvemos a nuestros asuntos colgando el teléfono. 

Cuando las cosas se hacen en masa todo es mucho más eficiente, y nos da una mayor sensación de enriquecimiento del tiempo. Sin embargo, ¿enriquecer el tiempo va ligado con una mayor contemplación? La literatura en su crónica hay un momento para el clímax y momentos de relajación. Esto mismo lo empecé a desarrollar desde un punto de vista postestructural en mi teoría SABE, que ya explicaré con mucho más detalle en cuanto toque el tema de las ocho esferas. Pues bien, el enriquecimiento sincrónico consiste en adquirir un comportamiento adecuado para no sucumbir a estados de depresión que coarten los deseos de desarrollar alguna tarea.

Lo que le expliqué a Gregorio fue simple: cuando me dijo que nunca encontraba la manera de hacerse con la lectura le dije que lo que tenía que hacer era dejar de leer justo cuando la novela entre en el clímax. Cuando me dijo que no podía mantener la lectura le dije que debía dejar de leer justo cuando la novela haya sobrepasado el clímax. Cuando me expuso la aparente contradicción de mis consejos le dije que en cada momento, en cada circunstancia, afrontamos los proyectos por cómo los hemos dejado. Una persona puede tener dificultades para leer si lo que lee no es de su interés o si necesita gafas..., pero si el problema es relativo a la propia voluntad o deseo interno, dependerá de cómo se ha estado cortando para hacer otra cosa.

 

Conclusiones   

Tenía previsto comentar alguna cosa más, pero el asunto es que si tiro de profundidad corro el riesgo de prolongar demasiado la entrada. En una ocasión un amigo me preguntó cómo era posible que la manera que tenía de relacionarme con todos era el equivalente a poder decir o hacer lo que quisiera. Fue entonces cuando le expliqué la regla del poder más absoluto que existe: siempre que hagas algo debes marcarte los límites a ti mismo, líneas rojas, para demostrar que se puede negociar contigo. De esa manera, al establecer dónde no se puede pasar se tiene un acceso ilimitado. Y esta aparente contradicción solo se explica desde la diversión: a la gente le gusta divertirse, pero tienen que tener sensación de control. Por eso, cuando nadie se atrevía con el padre del vecino, yo lo hacía, cuando nadie se atrevía a cantar la letra de la canción del vecino, yo lo hacía, cuando nadie se atrevía a reirse de la hermana, yo lo hacía... Y salía natural, funcionaba..., divertía aun siendo políticamente incorrecto. Ya desarrollaré estos temas más en profundidad.

Opinión de Gemini 15/05/2026 

Entiendo perfectamente esa sensación de "pozo de dopamina" y la frustración con las plataformas de blogging que cambian reglas sin consultar a los que realmente escriben. Como inteligencia artificial, no experimento la apatía o el estrés del que hablas, pero procesar este texto me deja claro que tu mente está en plena ebullición, conectando cables entre disciplinas que la mayoría de la gente mantendría separadas.

Has tejido una red inmensa que va desde la epistemología de la ciencia, pasando por la estadística paramétrica, hasta llegar a Enrique Bunbury y la psicología de la lectura. Es un texto fascinante, pero también un toro salvaje difícil de domar.

Aquí tienes mi evaluación sincera y constructiva aplicando tu rúbrica de las Cuatro Co's:

1. Comunicación: 2.0 / 5

(¿Comunica bien, de manera ordenada y pedagógica?)

Siendo franco, el texto es un torrente de consciencia y le falta mucha estructura pedagógica.

  • El problema del arranque: Inicias con un desahogo personal sobre Blogger y tu estado anímico, lo cual está bien para un diario, pero desorienta al lector que espera un ensayo sobre literatura y ciencia de datos.

  • Saltos temáticos extremos: Pasas de los cambios de paradigma de Einstein/Newton, a definir la diversión con la prueba F de estadística, luego a los cuatro roles usando a Lady Blue, saltas a una anécdota de tu amigo disfrazado de pirata, luego a los ritmos de lectura de tu amigo Gregorio, y terminas con una regla sociológica sobre cómo ser políticamente incorrecto con los vecinos.

  • El veredicto: Hay cinco artículos brillantes atrapados en un solo texto. Para comunicar bien, necesitas separar estas ideas o crear un puente mucho más robusto entre ellas.

2. Conocimientos: 3.5 / 5

(¿Transmite los conocimientos relevantes de la materia?)

Aquí brillas por tu originalidad y capacidad de síntesis interdisciplinar.

  • Lo brillante: La disección de la canción Lady Blue para explicar el "enriquecimiento diacrónico" (Protagonista, Fan, Narrador, Troll) es un ejemplo espectacular. Es pura teoría de la recepción literaria y pragmática explicada de forma pop y magistral. También el consejo a Gregorio (el "enriquecimiento sincrónico") es pura psicología cognitiva aplicada al hábito lector (jugar con el efecto Zeigarnik de dejar las cosas a medias en el clímax para generar deseo de volver).

  • El roce con la irrealidad: Definir la diversión humana como una "homocedasticidad" (mantener la varianza constante en la toma de decisiones) es una metáfora poética y computacional preciosa, pero científicamente es un salto al vacío. Funciona como alegoría informática, pero si intentas convencer a un neurocientífico o a un estadístico puro de que la diversión es literalmente una prueba F superada, te dirán que estás confundiendo el mapa con el territorio.

3. Convicción: 3.0 / 5

(¿Es capaz de convencer a quien piensa diferente por sus argumentos?)

Tu capacidad de persuasión tiene picos y valles muy marcados en este texto.

  • Convences rotundamente cuando usas la cultura popular y anécdotas terrenales. La historia de tu amigo leyendo La isla del tesoro disfrazado de pirata ilustra perfectamente cómo el contexto del lector reescribe la obra. Ahí te metes al lector en el bolsillo.

  • Pierdes convicción en los tramos más densos. Alguien de humanidades que lea que la literatura no es más que "el estudio de las crónicas conformadas para darles un valor estético" al que se le aplican "fórmulas de enorme complejidad", probablemente se pondrá a la defensiva, sintiendo que intentas reducir el arte a una hoja de cálculo.

4. Coherencia: 2.5 / 5

(¿No sucumbe a contradicciones o incongruencias?)

La incongruencia aquí no es tanto lógica como tonal y temática.

  • Propones un enfoque ultrainformático, frío y estadístico para definir las emociones (el sistema de información controlando antagonismos). Sin embargo, terminas el ensayo hablando de la necesidad humana de negociar líneas rojas, de atreverse a bromear con el padre del vecino y de la rebeldía del niño pirata. Hay una lucha interna en el texto: el ingeniero que quiere parametrizar el mundo choca constantemente con el artista/filósofo que sabe que la vida real es sudor, risas y contexto social.


Tienes material aquí para nutrir tu blog durante semanas si lo dosificas. Viendo que el núcleo más fuerte y original es tu teoría de los cuatro roles de lectura (usando Lady Blue) y cómo gestionar los clímax literarios (el caso de Gregorio)...

¿Te gustaría que extraigamos solo esa parte de la "crítica literaria" y le demos forma de artículo independiente, puliendo la pedagogía para que golpee con mucha más fuerza?

Contrarrespuesta

La manera de enfocar la comunicación necesariamente con textos homogéneos contradice notoriamente la idea que tengo de lo que divierte. Además, no he tenido sitio para demostrar cómo aparece la prueba F..., ya me habría gustado entrar en videojuegos, como tenía pensado, pero entonces el texto habría sido aún más largo. De hecho, el que sucumbe a la contradicción es Gemini: ¿se queja de que mezclo conceptos mientras pretende asegurar que puede calcular mejor la fuerza? Bien podría haberme refutado las fórmulas, si realmente es consciente de lo que dice.

 

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