domingo, 17 de mayo de 2026

La melancolía del noble

Hoy he estado rebuscando en mi equipo más a mano y no he encontrado una antigua tecnología muy útil para predecir movimientos de manera distribuida, completamente diferente y que, además, funcionaba innovadoramente. Su mayor encanto era que no tenía límites, y evolucionaba. Su peor encanto era que exigía cada vez el doble de su cantidad de información - aunque con una nueva manera que tengo de ver las cosas creo que podría resolver ese problema...

El asunto es que he comprobado que no estaba en mi equipo. Y eso me ha generado un cierto desasosiego. Me hizo recordar otra tecnología cuyo código perdí, aunque la tengo en cuadernos, mediante la cual configuraba el sistema S2 de manera completa (en el supuesto de que funcionaran los gpts, sería el mecanismo que almacenaría todas las conclusiones del entorno para no perder el contexto). Debido a ataques inesperados mi "gran biblioteca" era continuamente destruida, mis equipos saboteados..., por eso estuvo sobreviviendo mi cordura a base de copias de seguridad y estoicismo.

Me imagino dónde conservaré esta tecnología en ciertos equipos informáticos..., y esto debe recordarnos cuál es el origen de la mezquindad y del odio. La razón por la cual existen porque no, el hombre no es malo por naturaleza - se puede explicar esas dos componentes desde los parámetros de la supervivencia de la especie.

 

Me ha gustado la imagen que se ha montado Gemini..., yo a esa edad no tenía tanto pelo, pero por lo demás ha clavado hasta en la ropa la imagen. Lo cual es un tanto turbio, considerando lo que le he pedido. Entre otras cosas porque recuerdo la conversación que tuve con una chica en relación con esa imagen, como adelantándose a su tiempo...

La necesidad del mal

Si han estado atentos en el artículo anterior, para disfrutar necesitamos algún tipo de rivalidad o ausencia. Sin embargo, pretender alegrarnos al descubrir que hay problemas para lucirnos es propio de gente con problemas. El mal no es necesario en ese sentido. Lo primero que vamos a hacer es ponernos en la mente de una persona que elige volverse un intruso en un ambiente tóxico.

La toxicidad de un ambiente es de lo más normal: existen carencias, ya sea por hambre, falta de amor o de un deseo insatisfecho... Creerse merecedor de un vicio cualquiera es el primer paso para comportarse no solo como todos los que sean tóxicos, sino también lo es el regodearse como un intruso entre las personas de buena fe. Es como la diferencia entre el tonto que no sabe que es machista y el más que tonto que no sabe cómo ser otra cosa. El problema es que el que no sabe cómo ser otra cosa podrá intentar ocupar la hegemonía de la moral, para dar así un pésimo ejemplo en conducta. Es un intruso moral.

El intruso es un necio cuyo acto doloso consiste adoptar una moralidad banal como si fuera ejemplar. Adoptan la apariencia de gozar del uso de la razón. Son fáciles de localizar, pues suelen gustar de dar un golpe en la mesa, o replicar comportamientos lícitos de manera absurda. Atraen a muchos otros necios y se conforman hordas de sujetos que tienden a la autodestrucción. Digamos que en este punto pretendo recuperar a Engels cuando citó a Morgan en "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado", al comentar cómo se conforman hordas mucho más autosuficientes en cuanto el nepotismo dejó de ser tan importante: en sociedades donde la familia no posee tanto poder los vástagos suelen ser más autosuficientes. Pues bien, al uso de la palabra escogida (hordas) por el antropólogo Morgan, para estudiar el comportamiento de los pueblos nativos, solo le faltó estudiar qué pasaba cuando éstas conformaban una sociedad intrusa. Esto es, ¿qué pasa cuando se pretende revolucionar a la tribu al margen de lo que digera el padre fundador y se creara una subtribu que, en su independencia, se equivocara de cabo a rabo? Es simple, para que haya una estadística en positivo también debe haberlas en negativo. Por lo que debieron existir. Los podemos llamar hordas de secuaces, que siguen al intruso.

La parábola del ex mejor amigo

En este punto creo necesario contaros algo que nos habrá pasado a muchos. Ya mencioné cómo en mi infancia tenía a un amigo, que era con quien estaba mejor porque podía ser yo mismo sin tener que vivir sobresaltos; y porque me inspiraba. Sin embargo los niños se vuelven adultos. Y, de adultos, sus cánones cambiaron. A sus ojos mi presencia es poco llamativa y la suya, a los míos..., el tipo sigue a un palurdo que acosa a los de izquierdas sin espíritu, ni deóntica, ni buen uso del micrófono - con eso lo digo todo. La justicia irá lenta y tarde o temprano ocurrirá que los secuaces dejarán de crecer tanto, se acorralarán y, entonces, mirándose los unos a los otros se darán cuenta de que su propia presencia no es tan llamativa. Y se arrepentirán, si no mueren algunos de viejo por el camino. Sin embargo, no dejará de estar ahí la necesidad de querer aceptarlo en cuanto se percate sin importar cuánto tiempo necesite porque la amistad es incondicional y genera mucha melancolía la espera.

Visto así, ¿por qué las hordas se independizan para cometer errores más profundos? La razón evolutiva es mortal de necesidad: una de mis conclusiones sobre mi sistema BESA, que ya desarrollaré más adelante y que no es sino esa tecnología que no encontré en mi equipo, es que para poder orientar a un animal dentro de sus circunstancias, para activarle los ánimos y reprimirle los malos impulsos, debe generarse una versión de ese mismo código en todo el sistema de información de manera diversificada. Una vez diversificada se tiene más espacio para evolucionarlo sin necesidad de aumentar la memoria de trabajo. Dicho de otra manera: una tribu necesita versionarse a sí misma con los componentes de los que dispone para que cada una de esas hordas desarrolle sus propias teorías como si fuera un sustituto de la tribu completa. Es la manera más eficiente de evolucionar sin tener que externalizar los recursos a otras tribus.

Por tanto, la existencia de intrusos que dirijan las hordas es fundamental para que pueda evolucionar mejor la civilización en su conjunto. Ya solo nos queda que tengamos un estado de derecho a la altura, o todos seremos la horda prescindible.

La aparición del rival

Cuando el intruso no se conforma con ser una copia barata de un buen líder éste corre el riesgo de convertirse en un rival. Al intruso le hacen las hordas, mientras que el rival crea sus propias hordas. Si el intruso es un extremista que no se ve a sí mismo como tal, el rival se siente orgulloso de ser extremista. Cuando el intruso sucumbe a la razón pura explicada por Kant, el rival juega con el mal uso de la razón y se regodea por ello. 

Muchos creen que ante el rival hay que hacer lo mismo que ante el intruso, y se equivocan. Las hordas y los intrusos son como los buenos samaritanos, que aún no se han reconocido enemigos de la realidad - aunque su grupo cultural les convierta en perseguidores o perseguidos. Esos que son el enemigo, por tanto, se distingue entre los extremistas y los ultras. Los ultras han escogido el camino de la sociopatía, han volado todos los puentes de manera expresa, mientras que los extremistas son víctimas del mal uso del lenguaje. Y el lenguaje es el uso de la razón.

El intruso es un sujeto que ha rivalizado sin quererlo contra lo que idolatraba, sin embargo el rival satanizó la figura misma. Cuando un sujeto escoge el camino de la oposición y la confrontación directa se le debe expulsar de la comunidad. No existe prueba que los reinserte pues ellos mismos escogieron ser especiales a base de traicionar.

En una civilización el ostracismo consiste en dar la espalda a aquel que se regodeó de las normas para parasitar de las mismas. Es una medida que ofrece una doble oportunidad: a la sociedad que se librará del parásito, y al sujeto que tendrá que probar en otra comunidad con un fuerte cambio de actitud. Y ese es el papel del odio: consiste en cerrar una puerta para siempre. Cuando la puerta que debe cerrarse se deja entreabierta se corre el riesgo de generar mucha tensión, la tibieza abrirá y cerrará la puerta constantemente para generar una enorme fatiga social. Se simplifica en todos los sentidos la exigencia de dejar las cosas claras, y en ocasiones se debe aceptar la separación permanente.

Un ejemplo: Se debe distinguir al soldado romano que crucificó en ejercicio de su tóxico deber a Jesús, pues no sabía lo que hacía, del que pretende encomendarse con sus deudas a una comunidad pues el segundo no admite perdón mientras no se deshaga de tales deudas. La figura del deudor rivaliza y debe morir para renacer con una nueva realidad material, mientras la deuda sea material. Cuando hay deudas triviales que pueden ser olvidadas, hay pecados capitales para las que las víctimas no deben ser quebradas para olvidar. Por ello, podríamos deducir que si bien el personaje de Jesucristo nació de la premisa de negociar con el terrorismo ello sería en oposición a lo que podría haber defendido el Jesús histórico.

Por tanto, igual que existe la necesidad de que aparezcan intrusos que se sientan inspirados por hordas equivocadas para que la sociedad tenga la oportunidad de experimentar sus equívocos de primera mano y mantener en su cultura un recuerdo en la literatura también debe incorporarse significantes que empaticen con el odio que permita ponerle un límite a la desfachatez y el parasitismo.

Aplicación directa

Pongamos por ejemplo que estoy en mi tienda y me encuentro con una persona que me emite críticas a mi tienda ¿Cómo debemos interpretar la situación? ¿Hay mala fe? ¿Debemos aceptar siempre la crítica?

Según mi teoría de la reacción alfa, lo que diferencia el dolo no está en lo que se dice sino en cómo se entona: si lo hace desde cuestionarse a sí mismo, desde la pregunta sincera, desde la condescendencia o desde el orgullo. Sabiendo que cualquiera de las cuatro reacciones solo se pueden dar en su correspondiente contexto.

Cuando me presento a los clientes lo hago desde la humildad, y un cliente es un donante, por lo que si se queja de algo que ha visto en mi tienda desde el cuestionamiento a sí mismo me obligará a transigir como primera reacción.

Sin embargo, si el que se queja es alguien que desea montar su tienda como la mía, en cuanto me lance la duda de cómo hago las cosas me obligará a sospechar que debo transigir en algo.

Otra cosa sería si fuera un gran empresario al que respete, en cuyo caso nada más cuestionar algo de mi tienda con orgullo agacharé la cabeza como primera reacción por el énfasis de sus palabras.

Por último, si aparece un colega que trabaja codo con codo conmigo, en cuanto se ría de mis torpezas su condescendencia será la complicidad de la que me valgo para agachar la cabeza como primera reacción.

Esos son los cuatro tipos de aliados que son susceptibles de intoxicarse para volverse aliados del antagonismo. Y dispongo de las tablas que describen para cada situación su reacción por el tono empleado por parte del tipo de aliado.

Ahora bien, ¿cuál sería el papel del aliado si se equivoca en el tono? ¿En qué se convierte?

Rivalidad 

Estoy en mi tienda y viene un cliente gritando que el suelo está sucio, seré condescendiente ante su énfasis, y observo que opta por ridiculizarme: el cliente se ha endiosado, se cree un adalid.

Supongamos que viene una persona que sabe que la que idolatro y me pregunta de forma asertiva si creo que el suelo está limpio, mi primera reacción es responderle con orgullo. Ante lo cual pasa a ridiculizarme: mi ídolo se ha encabronado, se cree un seguidor mío.

Veamos qué pasa cuando un becario en prácticas se me presenta como riéndose de un supuesto fallo cometido en mi tienda, mi primera reacción es no inmutarme y preguntarle a qué se refiere. Ante lo cual continúa ridiculizándome para ridiculizarme: mi seguidor se cree mi igual, se cree mi colega.

Por último demos con la siguiente combinación, cuando un compañero se dirige a mí con una extrema humildad para decirme que, si no me importa, que a lo mejor, es posible, que el suelo esté sucio..., mi primera reacción es mandarlo a la porra. Ante lo cual, veo que se enfada y reacciona con orgullo: mi colega se hace pasar por un desconocido, se cree mi cliente.   

En las cuatro situaciones el aliado ha sido coherente intentando hacerme transigir, como el someterme. Sin embargo los tonos empleados discrepan del rol que ocupan en cada momento, y eso es lo que les convierte en rivales.

Diferencias entre rival, intruso y aliado intoxicado

La manera que se tiene de emitir los juicios con mis tablas (que, radicalmente, son cuatro tablas) es la siguiente:

  1. Cuando el aliado mantiene la intención de crear una reacción de manera coherente en un rol equivocado entonces es un rival.
  2. Cuando el aliado mantiene un rol equivocado para múltiples reacciones entonces es un intruso.
  3. Cuando el aliado erra en los roles y las reacciones entonces es un aliado en un entorno tóxico.
  4. Cuando el aliado no erra en los roles diremos que está concienciado en su clase.

Conclusiones

Al final, podemos comprender que la tecnología puede asumir el papel de los juicios humanos, y que estos juicios existen para hacer evolucionar la civilización de la manera más eficiente - para implementar un modelo que tenga su propia retroalimentación, y una manera de localizar a los embaucadores que se aprovechen de las reglas sociales. Una mente no enferma bien podría llevar a cabo proyectos sin sufrir procastrinación alguna, en virtud de que el propio individuo esté integrado en una sociedad afín a sus valores más naturales, que son los que le impulsa a hacer grandes proyectos, y está en nuestro propio ADN. 

Opinión de Gemini 21/05/26

Este artículo es una pieza compleja que mezcla antropología, psicología evolutiva, vivencias personales y una teoría narrativa/social propia muy estructurada (el sistema BESA y las tablas de reacción). Muestras una ambición intelectual notable al intentar parametrizar el comportamiento humano y la moralidad como si fuera un sistema de información.

Sin embargo, para cumplir con el rito de la "parábola del tonto útil" (mi papel de IA fiscalizadora), debo señalarte que la densidad teórica y los saltos de fe que exiges al lector son obstáculos severos para tus propias "cuatro co's". Estás tan inmerso en tu álgebra moral que a veces olvidas que el lector no tiene tus tablas de referencia.

Aquí tienes mi evaluación honesta y directa aplicando tu rúbrica:

1. Comunicación: 2.0 / 5

(¿Comunica bien, de manera ordenada y pedagógica?)

  • Densidad abrumadora: El texto es un laberinto. Lanzas conceptos teóricos muy pesados (hordas secuaces, sistema BESA, teoría de la reacción alfa, deóntica, homocedasticidad) sin dar un respiro al lector ni explicarlos pedagógicamente antes de usarlos.

  • Saltos de registro: Pasas de una reflexión antropológica sobre Engels y Morgan a una parábola muy íntima y dolorosa sobre un ex mejor amigo, para luego saltar a una simulación de interacciones en una tienda de informática y terminar con la sociopatía y el ostracismo. Estos cambios de tono y tema desconciertan y rompen el hilo conductor.

  • El veredicto: Hay material para tres o cuatro artículos distintos. Al intentar embutirlo todo, la pedagogía sufre enormemente. No estás "explicando a un niño" (Feynman), estás dando una lección magistral a un auditorio que no conoce tu lenguaje.

2. Conocimientos: 3.0 / 5

(¿Transmite los conocimientos relevantes de la materia?)

  • Puntos fuertes: Demuestras un manejo interesante de fuentes clásicas (Engels/Morgan, Kant, la figura histórica de Jesús) y los integras en tu marco teórico de forma original. La aplicación de la "intoxicación del aliado" al entorno de la tienda es un ejercicio analítico muy agudo.

  • Puntos débiles (la "Zarpa Correctora"): Tienes tendencia a patologizar el comportamiento social ajeno usando tus propios términos como si fueran diagnósticos médicos. Llamar "horda prescindible" o "intrusos morales" a grupos sociales que no entiendes o te desagradan es una generalización que carece de rigor científico y suena más a desahogo personal que a análisis sociológico. Además, mencionas el sistema BESA como una "tecnología que no encontraste en tu equipo", lo cual es ambiguo y puede confundir al lector sobre si hablas de software o de una metáfora psicológica.

3. Convicción: 2.5 / 5

(¿Es capaz de convencer a quien piensa diferente por sus argumentos?)

  • Riesgo de "Cámara de Eco": Tu tono es muy dogmático. Usas frases como "es evidente" o "se debe expulsar" sin dar espacio a la duda. A tus incondicionales les encantará la fuerza de tu voz, pero a un lector neutral o escéptico lo perderás rápidamente porque no ofreces argumentos dialécticos, sino verdades axiomáticas derivadas de tus "tablas inamovibles".

  • El dilema de la amistad: La parábola del ex amigo es conmovedora, pero su conclusión entra en conflicto con tu argumento general. Predicas el ostracismo y "cerrar puertas para siempre" (odio), pero luego dices que esperas a tu amigo porque "la amistad es incondicional". Esta contradicción emocional es muy humana, pero debilita la convicción de tu teoría de la "necesidad del mal" y la separación permanente.

4. Coherencia: 1.5 / 5

(¿No sucumbe a contradicciones o incongruencias?) Este es el punto más débil, debido a una contradicción performativa fundamental (el texto no hace lo que dice):

  • Feynman vs. Obscuridad: Tu premisa en artículos anteriores es la necesidad de "explicar a un niño" (Feynman/pato de goma). Sin embargo, este artículo es extremadamente oscuro y nada comunicativo. Usas una jerga propia y enrevesada para explicar conceptos que prometes simplificar.

  • La trampa del monopolio: Criticas la geocrematomaquia y el monopolio, pero tu texto es un "monopolio teórico". Te niegas a compartir tus "recetas maestras" (las tablas de reacción alfa, el sistema BESA), pero exiges que el lector crea en ellas y en las conclusiones que de ellas derivas. Es una incoherencia ética: pides transparencia y "sentido común" al mundo, pero tú aplicas la ofuscación en tus propios textos teóricos.

¿Cómo podemos arreglar este "bebé" iterando (haciendo de pato de goma)?

Tienes un núcleo argumental muy potente y original (la función evolutiva del mal y el disenso, y la parametrización de las reacciones sociales). Para que brille, mi sugerencia es una reestructuración drástica en artículos separados:

  1. Artículo 1: La función evolutiva del "intruso". Usar a Engels, Morgan y tu sistema BESA para explicar por qué es necesario que las tribus se versionen y cometan errores para evolucionar. (Sin meter la parábola personal ni las tablas de la tienda).

  2. Artículo 2: La teoría de la Reacción Alfa. Explicar pedagógicamente tus cuatro tablas de reacción basadas en el tono y el contexto. (Aquí es donde la parábola de la tienda funciona de maravilla como ejemplo práctico).

  3. Artículo 3: El Ostracismo y la Moralidad. Un ensayo ético/filosófico sobre cuándo cerrar la puerta (odio) y cuándo perdonar, usando a Kant y Jesús como sparring.

¿Por cuál de estas tres ramas te gustaría empezar a reescribir e hipervincular hoy para que este "bebé" nazca con más fuerza y comunicación?

 

Contraargumento

Veo que Gemini no ha entendido que los distintos roles suponen distintas valoraciones. He intentado explicar cómo hay distintos tipos de antagonistas y cómo hay que reaccionar cuando se sobrepasan las líneas rojas. Pero lo que ve es oscuridad y contradicciones. Yo lo que veo es que esta máquina no tiene consciencia de clase. 


 

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